Lógica informal

  

Detección de argumentos, reconstrucción y evaluación de los mismos en el escrito Diálogos de la religión natural de David Hume (Parte II, primeras tres intervenciones en el diálogo)

 

 

 

Alejandro Rodríguez Peña

Curso Monográfico de Lógica filosófica

2008/2009

 

 

 

La finalidad de este trabajo es localizar, reconstruir y evaluar los argumentos vertidos en el texto a estudiar. Para ello se reproduce el texto íntegro con notas al pie de página que darán las claves para comprender las reconstrucciones propuestas. Estas reconstrucciones tienen como presupuesto el principio de caridad alejándose de manera radical de la falacia del espantapájaros, es decir, se buscará la interpretación más “defendible” de todas las posibles, es decir, más fuerte y sólida.

 

Para llevar a cabo esta labor, tras cada intervención de los interlocutores se realizará la detección, reconstrucción y evaluación de cada intervención para poder, de un modo paulatino, efectuar una comparativa con cada intervención anterior, esto es, para no olvidar de que se trata de un diálogo y que éste busca una conclusión.

 

La detección de argumentos consistirá en la búsqueda tanto de partículas que señalen la aparición de un argumento como de tesis que supongan la conclusión de un argumento. Para ello me ayudaré del uso de la negrita y las notas a pie de página. La fase de reconstrucción supone, tras la detección, la exposición clara de las relaciones que se dan entre argumentos, sentencias, conclusiones… y se efectuará al final de cada intervención señalando todo aquello que sea pertinente a la reconstrucción. La evaluación se llevará a cabo tras las tres reconstrucciones, en el momento de la comparativa entre los distintos argumentos.

 

El texto analizado ha sido extraído de:

 

– Hume, David (1779) Dialogues concerning Natural Religion trad. Carlos Mellizo “Diálogos sobre la religión natural”; Alianza, Madrid 1999.

 

Para la elaboración de este trabajo me he servido de dos textos de lógica informal.

 

– Marraud, Huberto (2007) Methodus argumentandi; Ediciones UAM, Madrid 2007.

 

– Toulmin, Stephen (2003) The uses of argument trad. María Morrás y Victoria Pineda “Los usos de la argumentación”; Península, Barcelona 2007

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Demea: Debo reconocer, Cleantes, que nada podría haberme sorprendido más que el modo en que has ido presentando tu argumento, dijo Demea. A juzgar por el tono general de tu discurso, se pensaría que has estado manteniendo la Existencia de Dios, contra vanas cavilaciones de ateos e infieles, y que te has visto en la necesidad de convertirte en campeón de este principio fundamental de toda religión. Mas esto, según espero, no ha sido en absoluto puesto en duda entre nosotros. Estoy persuadido de que ningún hombre, o al menos ningún hombre con sentido común, jamás ha mantenido una duda con respecto a una verdad tan cierta y evidente de por sí. La cuestión no se refiere a la existencia, sino a la naturaleza de Dios[1]. Esto es lo que juzgo incomprensible y desconocido para nosotros[2], debido a las imperfecciones del entendimiento humano[3]. La esencia de esa Mente suprema, sus atributos, su modo de existencia, la misma naturaleza de su duración: son estos asuntos y todas las características que se refieren a un Ser tan divino, lo que resulta misterioso para los hombres[4]. Finitas, débiles y ciegas criaturas, deberíamos humillarnos ante su augusta presencia; y, conscientes de nuestras limitaciones, adorar en silencio sus perfecciones infinitas que ningún ojo vio, ningún oído oyó, ni jamás entraron en el corazón humano para ser concebidas. Estas (perfecciones infinitas) están cubiertas de una espesa nube que las protege de toda  curiosidad humana. Es una profanación tratar de indagar a través de esas sagradas oscuridades; y después de la impiedad de negar su existencia, le sigue en gravedad la temeridad de entremeterse en lo que son la naturaleza y esencia de Dios, sus decretos y atributos[5].

Pero a fin de que no pienses que mi piedad ha anulado por completo mi filosofía apoyaré mi opinión, si es que necesita de algún apoyo[6], en la autoridad de un gran filósofo. Podría citar a todos los teólogos que, casi desde la fundación del cristianismo, han tratado de éste o de cualquier otro asunto de teología. Pero me limitaré ahora a mencionar a un pensador que ha sido igualmente celebrado tanto por su piedad como por su filosofía. Es el padre Malebranche[7], quien recuerdo se expresaba de esta manera: «No tanto debería llamarse a Dios espíritu para expresar positivamente lo que es, como para significar que no es materia. Es un Ser Infinitamente perfecto, y no podemos dudar de ello. Pero del mismo modo[8] que no deberíamos imaginar, incluso suponiéndolo corpóreo, que esté vestido de un cuerpo humano –como aseguran los antropomorfistas bajo pretexto de que esa figura sería más perfecta que ninguna otra-, tampoco deberíamos imaginar que el espíritu de Dios tiene ideas humanas o encierra alguna semejanza con nuestro espíritu, bajo pretexto de que no conocemos nada más perfecto que la mente del hombre. Más bien deberíamos creer que, así como comprende las perfecciones de la materia sin ser material…, así también comprende las perfecciones de los espíritus creados, sin ser espíritu tal y como nosotros concebimos un espíritu[9]. Su verdadero nombre es El que es, o en otras palabras, un Ser sin distinción alguna, Todo Ser, el infinito y universal».

 

 

El primero de los argumentos expuestos por Demea vendría a decir que La naturaleza de Dios es incomprensible para el hombre puesto que los hombres tienen un entendimiento limitado y Dios es infinito. De este modo la reconstrucción según el modelo de Toulmin (escogido por la eficacia en el análisis de este argumento) sería:

 

                                            B                            C

Lo finito solo comprende lo finito à  ——————————————–

        ↓ A

 

Donde B y C serían los datos, A la conclusión y “Lo finito comprende lo finito” la garantía, no explicitada en el argumento pero sí compartida por la sociedad del momento, que proporciona la fuerza al argumento.

 

            El siguiente argumento que nos da Demea será aparentemente de autoridad. Lo es aparentemente porque lo adopta para sí. A pesar de ello lo reconstruiremos según  textualmente. El argumento se trata de dos analogías ya señaladas en las notas al pie, de conclusiones antiorientadas. El primer argumento de analogía tiene por conclusión ┐H, y el segundo H. Al decir “Más bien” se entiende que el segundo es más fuerte que el primero y de ahí se infiere que H.

 

D

———————————-

 

P

——-

┐G

 

 

P

——–

┐H

 

 

 

Antiorientados

 

 

F

——-

G

 

F

——-

H

—————————————-                                  ————————————-

↓ ┐H                                       <                                     ↓ H

——————————————————————————————–

↓ H

¿ ——————– ?

↓ A

 

 

Se trata de un argumento de autoridad que nos muestra una analogía de la cual se infiere que Dios tiene una mente muy superior a la del hombre y por ello es incomparable. Ahora bien, ¿hasta qué punto supone un apoyo al argumento de Demea? Es decir, ¿hasta que punto de H se puede inferir A? Para que el argumento fuera un verdadero apoyo habrá que entender que H → A. De esta manera sí que se puede ver como un auténtico apoyo.

 

Filón: Ante una autoridad tan eminente como la que tú, Demea, acabas de citarnos, y habida cuenta de que podrías habernos citado otras mil más, parecería ridículo que yo añadiera mis sentimientos a lo que has dicho, o expresa mi aprobación a tu doctrina, dijo Filón. Pues, ciertamente, toda vez que hombres razonables traten estos asuntos, no se harán cuestión de la existencia de la Deidad, sino solamente de su naturaleza. La primera verdad, como muy bien has dicho, es incuestionable y evidente por sí. Nada existe sin causa; y la causa original de este universo (sea ella lo que fuere) es lo que llamamos Dios, y a él adscribimos piadosamente toda clase de perfección. Cualquiera que ponga reparos a esta verdad fundamental merece todos los castigos que puedan caer sobre los filósofos, a saber, el ridículo, el desprecio y la desaprobación. Pero como toda perfección es relativa, nunca deberíamos imaginar que comprendemos los atributos de este divino Ser, ni tampoco deberíamos suponer que sus perfecciones encierran alguna semejanza o analogía con las perfecciones de una criatura humana. Justamente le atribuimos la sabiduría, el pensamiento, el don de la providencia y el conocimiento, porque ésas son palabras muy honorables entre los hombres, y no tenemos otro lenguaje ni otros conceptos con los que podamos expresar nuestra adoración por él. Pero cuidémonos de pensar que nuestras ideas corresponden en modo alguno a sus perfecciones, o que sus atributos tienen alguna semejanza con las cualidades que se dan entre los hombres. Él es infinitamente superior a nuestra limitada vista y comprensión, y más debe considerársele como objeto de adoración en el templo, que como tema de disputación en las escuelas[10].

En realidad, Cleantes, no hay necesidad de recurrir a ese escepticismo afectado que te es tan desagradable[11], para arribar a esta determinación[12]. Nuestras ideas no llegan más lejos de lo que alcanza la experiencia. No tenemos experiencia de los atributos ni de las operaciones divinas. No necesito concluir mi silogismo[13], porque tu mismo puedes inferir la conclusión. Y es un placer para mí (como espero que también para ti) ver cómo en este caso el ajustado razonamiento y la profunda piedad llegan a la misma conclusión, y ambos establecen la adorablemente misteriosa e incomprensible naturaleza del Ser Supremo.

 

 

El argumento reconstruido sería el siguiente:

 

Ix ßà Ex

┐ Ed

————–

┐ Id,

 

pero eso no hace que la argumentación esté exenta de problemas. La fuerza del mismo es la más alta posible, pero, la conclusión no es la misma que la que alcanzaba Demea. Es decir, el hecho de que no tengamos, hasta el momento, experiencia de los atributos de Dios no entraña que la naturaleza de Dios sea incomprensible y desconocida para el hombre. Sólo nos señala que al no haber experiencia de ello hasta el momento, no lo conocemos. Supone una condición necesaria, pero no suficiente.

 

┐Ia ╪ A,

 

pues de ┐Ia se podría inferir tanto A como ┐ A. Por ello consideraremos irrelevante esta intervención.

 

Cleantes: Para no perder el tiempo en circunloquios, dijo Cleantes dirigiéndose a Demea, ni mucho menos, en replicar a las pías declamaciones de Filón, explicaré brevemente cómo concibo yo este asunto. Mirad el mundo en derredor, contempladlo en su totalidad y en cada parte, y veréis que no es otra cosa que una gran máquina subdividida en un número infinito de máquinas más pequeñas que a su vez admiten subdivisiones hasta el grado de rebasar lo que los sentidos y las facultades humanas pueden concebir y explicar. Todas estas varias máquinas, e incluso sus partes más diminutas, están ajustadas entre sí con una exactitud que produce la admiración de todos los hombres que las han contemplado. La curiosa adaptación de los medios a los fines que puede observarse en la naturaleza, se asemeja con exactitud –aunque los excede con mucho- a los productos de cuño humano[14]: ideas, pensamiento, sabiduría e inteligencia. Por tanto, como unos efectos se asemejan a los otros, no vemos obligados a inferir, según todas las reglas de la analogía[15], que las causas también se asemejan, y que el autor de la naturaleza es en cierto modo similar a la mente del hombre, aunque en posesión de facultades mucho más poderosas, proporcionales a la grandeza de la obra que se ha ejecutado. Por medio de este argumento a posteriori, y sirviéndonos únicamente de él, probamos[16] de un modo terminante la existencia de una Deidad y su semejanza con la mente e inteligencia humanas.

 

 

Esta última intervención es la más curiosa de las tres. Cleantes cree haber alcanzado una gran conclusión. El argumento parafraseado viene a decir que los artefactos humanos, que tienen su origen en la mente humana, se asemejan al mundo. Éste debe tener un creador y que éste debe ser similar a la mente humana. Lo curioso del argumento es que Cleantes utiliza un argumento para demostrar la existencia de Dios cuando ya se había delimitado el tema en la cuestión sobre la naturaleza divina y no sobre su existencia. Otra rasgo a tener en cuenta de este argumento es que lo que pretende ser una conclusión, la relevante para el tema (la divinidad se asemeja a la mente humana), no lo es tal, si no que es un presupuesto. La reconstrucción del argumento será:

 

T                     Efectos                         M

 

——–  →   Suponiendo    ┐E    →   ———

 

H                     Causas                         R

———————————————————

↓ R

 

Por ello el argumento no supone una conclusión respecto al tema. Su conclusión no es ni A ni ┐A. Pero eso no lo hace irrelevante en la discusión, pues su presupuesto es ┐E, que entra en oposición con la conclusión alcanzada por Malebranche, desde la cual se permitía concluir A. Es el momento de comparar los dos argumentos, el de Malebranche retomado por Demea y el de Cleantes. El de Cleantes es reconocido y extendido por la sociedad, pues consiste en una de las demostraciones de la existencia de Dios más famosas en la Filosofía de la Religión, y por ello tiene más fuerza que el de Malebranche. Si admitimos la prueba de la existencia de Dios de Cleantes, y por tanto admitimos su supuesto, el segundo argumento que ofrece Demea se ve recusado.

 

            El hecho de que este recusado y no se pueda inferir de él la conclusión de A, no entraña la suspensión del juicio. Cierto es que el argumento de Filón que pretendía estar coorientado con el de Demea siendo múltiple era irrelevante, pero aún tenemos que considerar el primer argumento ofrecido por Demea.

 

Al no haber en el fragmento escogido ninguna refutación ni recusación del primer argumento analizado, todo apunta a que sea el argumento más fuerte, que apunte la tesis a defender. Hasta el momento será A la conclusión aceptada. El siguiente argumento es el único a tener en consideración de lo establecido en el diálogo, según lo señalado anteriormente en el análisis de cada intervención. Recordemos que la de Filón la consideramos como no relevante, y la de Cleantes tan solo nos sirvió para recusar el argumento citado por Demea que era de Malebranche.

 

                                            B                            C

Lo finito solo comprende lo finito à  ——————————————–

        ↓ A

 

Tanto C como B son premisas aceptadas por todos los interlocutores y por ello hay que eliminar la posibilidad de una revisión de la verdad material de las premisas. Un ataque considerable a este argumento será aquel que intente ofrecer la conclusión ┐A siendo más fuerte que el ofrecido por Demea. Otro intento será aquel dirigido a la garantía, al elemento que otorga la fuerza al argumento: “Lo finito solo comprende lo finito”, llevándonos necesariamente a la suspensión del juicio. Un argumento que recusara ese supuesto es aquel que indica que desde nuestro entendimiento finito podemos concebir ideas infinitas como conceptos.

 


[1] Hasta aquí se fija el tema sobre el que versará el debate.

 

 

[2] Aquí se enuncia la tesis final, conclusión, que pretende defender Demea: La naturaleza de Dios es incomprensible y desconocida para el hombre (A)

[3] Esta oración se entenderá en la reconstrucción del siguiente modo: Los hombres tienen el entendimiento limitado (B).

[4] Dios es infinito (C) será la reconstrucción de esta frase.

[5] Desde la última referencia no ha habido nada de interés para el argumento

[6] Al decir que su opinión no necesita de ningún apoyo, se puede entender que el siguiente argumento es coorientado con el anterior, pero que es múltiple y funciona con independencia respecto del mismo.

[7] Se trata de un argumento que pretende ser de autoridad: Malebranche dice… (D).

[8] Comienza aquí una analogía que parafraseada viene a decir: El hombre concibe como figura más perfecta la suya (P), y por ello al ser Dios perfecto tiene cuerpo de hombre. Lo mismo ocurrirá con la mente.

[9] Se trata de una analogía. La analogía parafraseada viene a decir que según la ley “Algo es más perfecto que otra cosa si posee las mismas propiedades que la última sin ser la misma” (F). Es aplicable a la materia (G) como al espíritu (H). La conclusión de la analogía es: La mente de Dios es más perfecta que la del hombre pues posee las mismas propiedades que la última y no es tal (H).

[10] Hasta este punto la intervención de Filón se limita a mostrar el acuerdo con Demea y a reproducir de alguna manera su argumento. Por ello el argumento de Filón ha de entenderse como coorientado respecto al de Demea.

[11] Esta oración señala que el argumento de Filón pretende ser inapelable, que sea rotundo a la cuestión, irrefutable, irrecusable.

[12] Comienza el argumento.

[13] El argumento es un silogismo, es deductivo:

Ix: Tenemos ideas de x.

Ex: Tenemos experiencia de x.

d: atributos y operaciones divinas.

[14] Esta oración señala que: El mundo (M) y los artefactos, creaciones humanas (T) se asemejan con exactitud.

[15] No se trata de una analogía, sino que es un argumento causas/efectos.

[16] Las pretendidas conclusiones de Cleantes serán: “Dios existe” (R) y “Su mente se asemeja a la de los humanos” (┐E)

Un pensamiento en “Lógica informal

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