Los recuerdos…


Cebolla“Al recuerdo le gusta jugar al escondite como los niños. Se oculta. Tiende a adornar y embellecer, a menudo sin necesidad. Contradice a la memoria, que se muestra demasiado meticulosa y, pendencieramente, quiere tener razón.

Cuando se atosiga cob preguntas, el recuerdo se asemeja a una cebolla que quisiera ser pelada para dejar al descubierto lo que, letra por letra, puede leerse en ella: rara vez sin ambivalencia, frecuentemente en escritura invertida o de otro modo embrollada.

Bajo la primera piel, todavía secamente crepitante, se encuentra la siguiente que, apenas separada, libera húmeda la tarcera, bajo la que aguardan y susurran la cuarta y la quinta. Y todas las siguientes exudan palabras demasiado tiempo evitadas, y también arabescos, como si algún traficante de secretos desde jóven, cuando la cebolla todavía germinada, hubiera querido encriptarse”.

Günter Grass, “Pelando la cebolla”.

Imaginen leer un libro con forma de cebolla, olor de cebolla, y lágrimas producidas por la cebolla, en el que las páginas fueran las capas, desordenadas, sin renglones… Sólo aquellos pocos preparados para su lectura podrán finalizarla.