Última parte de la comunicación


Pero, ¿esto entraña la imposibilidad de la metafísica? Solo como ciencia es imposible y señala que no puede ser ciencia y el hacerlo es incurrir en un error. Sin embargo, ¿puede darse la metafísica en otra forma de conocimiento? Kant da por hecho que sí se puede dar una metafísica cuando después de escribir la Crítica de la razón pura escribe Prolegómenos a toda metafísica futura que haya de poder presentarse como ciencia. En este texto nos señala que “Los prolegómenos deben ser, por el contrario, ejercicios preparatorios; deben más bien indicar lo que hay que hacer para llevar a la realidad una ciencia, si ello fuere posible, que exponer la ciencia misma” (Kant (1783): §4), además, nos garantiza “que nadie que, aunque sea sólo en estos prolegómenos, haya meditado en los principios de la crítica, y los haya comprendido, volverá jamás a aquella vieja y sofística ciencia ilusoria” (Kant (1783): Solución de la cuestión general de los prolegómenos: ¿Cómo es posible la metafísica como ciencia?). Será preciso estudiar y entender la metafísica de otro modo a pesar de que no sea una ciencia para conocer la propuesta de Kant.

 Kant cuando escribe la Crítica de la razón pura pretende normalizar la situación, señalar que nadie había hecho de la metafísica una ciencia. Tras preguntarnos la posibilidad de la metafísica como ciencia, de la posibilidad de que se dieran juicios sintéticos a priori en la metafísica y contemplar que no se puede, que es imposible, se ha señalado que la metafísica es una disciplina, a la cual no se le niega su posibilidad si no su cientificidad. Lo único que nos ha señalado es su imposibilidad en el ámbito de la razón teórica. La metafísica, y todos los objetos que le son propios (Dios, la libertad y la inmortalidad), es incompatible con el carácter de la ciencia. Habrá que volver a estudiar en qué consiste la metafísica si no es una ciencia, ya que como hemos dicho intenta tratar objetos que no son experienciales alcanzando las ilusiones trascendentales, y es posible de algún modo.

 “Pero si la crítica no se ha equivocado al enseñarnos a tomar el objeto en dos sentidos, a saber, como fenómeno y como cosa en sí; si la deducción de sus conceptos del entendimiento es correcta y, por consiguiente, el principio de causalidad se aplica únicamente a las cosas en el primer sentido, es decir, en cuanto objetos de la experiencia, sin que le estén sometidas, en cambio, esas mismas cosas en el segundo sentido; si eso es así, entonces se considera la voluntad en su fenómeno (en las acciones visibles) como necesariamente conforme a las leyes naturales y, en tal sentido como no libre, pero, por otra parte esa misma voluntad es considerada como algo perteneciente a una cosa en sí misma y no sometida a dichas leyes, es decir, como libre, sin que se dé por ello contradicción alguna.” Y por ello “no puedo, es cierto, conocer mi alma desde este punto último punto de vista por medio de la razón especulativa (…) ni puedo, por tanto, conocer la libertad como propiedad de un ser al que atribuyo efectos en el mundo sensible.” “Pero sí puedo, en cambio, concebir la libertad (…). Supongamos ahora que la moral presupone necesariamente la libertad como propiedad de nuestra voluntad, por introducir a priori, como datos de la razón, principios prácticos originarios que residen en ella u que serían absolutamente imposibles de no presuponerse la libertad”. Esto es, si la razón no puede alejarse tanto, si tiene que contar con el mundo fenoménico de algún modo, si necesita de resistencia… ¿cómo podríamos hablar de una metafísica? La propuesta kantiana es que hay que olvidar una racionalidad teórica y entrar en la práctica para alcanzar el conocimiento metafísico. La única vía de salida y fuga del conocimiento metafísico es la moral. Resulta de aquí que “los objetos metafísicos pensados no constituyen un saber de objetividades, pero sí constituyen un genuino saber, que no es ciencia, pero que es para el hombre mucho más importante que ninguna ciencia de objetividades” (Rábade (1996): 39). Esta y no otra será la postura kantiana que supera las posturas tanto dogmática como escéptica y que da sentido a esa tendencia natural humana que es plantearse interrogantes metafísicos. La metafísica se fuga de la razón teórica y se encamina por senda segura por la racionalidad práctica.

 La moral kantiana, resumido en grandes pinceladas, consiste en la ley del deber, en el imperativo categórico que procede de la autonomía y por ello necesita de la libertad, para ser de hecho ley universal y necesaria. Ésta nos conduce a ser buenos según el modelo de la suma bondad, el de la santidad que nos garantiza la felicidad de la buena acción tras la muerte, en la inmortalidad. Dios, libertad e inmortalidad son ideas de la metafísica y supuestos de la moral. Es por ello que la moral es la garantía del saber metafísico, única fuga del ansia de saber, de esa tendencia natural que es el hombre, única fuga humana para salirse de la experiencia.

 Las siguientes líneas no suponen una descripción exhaustiva de la metafísica kantiana en su escrito de 1781, si no unas pinceladas lo suficientemente claras como para comprender que en ella ya se da una metafísica que a pesar de tratar los temas de la metafísica clásica (tradicional en el vocabulario de Kant) no es tal, si no que es una metafísica crítica, una filosofía trascendental, metafísica de los principios a priori y no de los objetos. Partimos de esa tendencia natural que supone el empeño de la razón para salir del ámbito fenoménico.

  

Aparecen rasgos de esa estela que deja la metafísica en la crítica de la razón pura que tras la crítica, tras la delimitación de aquello que es ciencia, aparece la razón como un intento de dar unidad, como un intento de fundamentación, de encontrar la condición incondicionada de todas las condiciones de nuestro conocimiento. Pero, tal y como hemos visto todo aquello que sobrepasa lo fenoménico no tenemos conocimiento, y por tanto no tenemos conocimiento de esa unidad incondicionada, pero si es racional creer en su existencia, pues sin ella no se concedería la estabilidad que se necesita para que se dé el conocimiento. Es el fin de la tendencia natural humana que supone la fuga del ámbito exclusivo científico que va más allá de lo sensible.

 El lugar que escoge Kant para explicar la metafísica es la Dialéctica trascendental. Ésta explica hasta donde el conocimiento puede pensar y ejercitar la lógica desde la mera forma abandonando el contenido, dejando de lado lo fenoménico. El lugar que alcanza así la razón será la ilusión trascendental, como esperanza de la existencia de la idea alcanzada, y como la inseguridad del movimiento de lo ajeno al fenómeno y por ello exceden la posibilidad de la experiencia y determina el uso del entendimiento según principios, pues concede la unidad que necesita la razón alcanzando un lugar más allá de la experiencia y por eso consiste en una metafísica.

 Las ilusiones que alcanza la razón de este modo serán Yo, Dios, y el Mundo. Cada una tendrá su ámbito de estudio a pesar de que no sea científico, pero si racional, y ha sido alcanzada por distintos usos de la razón: el teórico, el práctico, y el juicio. Por ello es necesario no estudiar desde un único ámbito la metafísica kantiana, si no que hay una metafísica en la crítica de la razón pura, otra en la razón práctica y otra en la del juicio.

 Conclusión

 

Se puede afirmar sin ningún prejuicio que Kant elabora una metafísica, pero que esta no tiene la pretensión de ciencia, si no de ser racional. Por ello la metafísica al ser ejercicio racional podrá desarrollarse como estudio y resulta preciso decir que sí es posible la metafísica tras la filosofía kantiana, pero que ha de atender a las restricciones de la misma, porque si no alcanzaremos un momento de dogmatismo y escepticismo. Decir lo contrario consiste en negar la humanidad de la humanidad y lo racional de la razón. Es la metafísica la fuga de la razón (y por ello del hombre) que no consiente atarse a lo meramente posible.

 

Bibliografía:

 

– Heidegger, Martin (1929); “Análisis de la idea de una ontología fundamental mediante la interpretación de la crítica de la razón pura como fundamentación de la metafísica” en Kant y el problema de la metafísica: Fondo de Cultura Económica, México D. F. (1973)

 – Kant, Immanuel (A 1781/ B 1787); “Crítica de la razón pura”: Alfaguara, Madrid (2002).

 – Kant, Immanuel (1783); “Prolegómenos a toda metafísica futura que haya de poder presentarse como ciencia”: Istmo, Madrid (1999).

 – Rábade Romeo, Sergio (1996); “Razón y metafísica en Kant” en Cuadernos de pensamiento Nº 10 (1996)

La metafísica kantiana según Heidegger


Os cuelgo la segunda parte (de tres) de mi intervención de mañana.

Heidegger concibe la “Critica de la razón pura” como una filosofía primera, como el “conocimiento fundamental del ente como tal y en su totalidad” (Heidegger (1929): 15). En este sentido concibe que los a priori del conocimiento suponen un conocimiento ontológico de todo objeto posible, es decir, que al conocer los a priori de nuestro conocimiento estamos alcanzando un conocimiento ontológico. De este modo, al estudiar los seres vivos nos movemos en el ámbito de la Biología y al estudiar lo común a cada objeto, es decir, al estudiar los a priori de la razón que posibilitan su conocimiento, no hacemos cosa distinta a un estudio ontológico. En palabras de Heidegger: “Kant llama “razón pura” a esta nuestra facultad de conocer a partir de los principio a priori… En tanto que estos principios encerrados en la razón representen la posibilidad del conocimiento a priori, la revelación de la posibilidad del conocimiento ontológico debe concluir, por tanto, a una explicitación de la esencia de la razón pura… La fundamentación de la metafísica como revelación de la esencia de la ontología es una crítica de la razón pura.” (Heidegger (1929): 21). Esto es, hay que evitar entender la obra de Kant como una epistemología, pues no solo consiste en los a priori del conocimiento, si no en los a priori de la existencia de las cosas.

 

Pero si mantenemos la postura heideggeriana surgirán cuestiones que no se pueden sostener. Por ejemplo, si las condiciones de conocimiento de un objeto posible, los a priori de la experiencia fenoménica, provienen del sujeto, ¿la necesidad del ser es puesta también por éste? La forma en la que percibimos es determinada por el sujeto de un modo a priori y por eso conocemos, pero, ¿se agota el ser del objeto en esa determinada manera de darse el fenómeno? Parece que Heidegger utilizó de pretexto (en esta ocasión) a Kant para explicar su propia metafísica.

La posibilidad de la metafísica después del pensamiento kantiano


Esta vez quiero reproducir un trabajo que tuve hacer para Metafísica I. Dicho trabajo, que gusto tanto al profesor, será la comunicación que presentaré en las jornadas organizadas por la asociación facultativa A tope con el ser para los dias 15, 16, y 17 de Abril en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Madrid  Espero que os guste esta primera mitad que posteo, y si quereis más filosofía pasaros por allí estos días.

El principal objeto de este trabajo es contemplar la posibilidad de la metafísica tras la filosofía kantiana. Esto resulta esencial en tanto que, como afirma Kant (y más tarde Schopenhauer), la metafísica es una tendencia natural del hombre y negarlo supondría negar parte de nuestra humanidad. Para ello supondré en primer lugar la posibilidad de que la metafísica sea una ciencia. Este supuesto nos conducirá a un absurdo pues se da una contradicción en el término metafísica y por ello habrá que eliminar la posibilidad en un principio supuesta como ciencia. Esto no elimina la posibilidad de la metafísica, pues es un hecho que la metafísica ha sido elaborada por autores posteriores a Kant, e incluso por él mismo. Estudiaré la cuestión detenidamente y de un modo paulatino para poder llegar a su fondo y esclarecer oscuridades. El discurso se estructurará en tres preguntas medulares y sus respuestas que permiten la conexión entre ella: ¿Es posible la metafísica como ciencia? La metafísica en tanto que estudia aquello que es ajeno a la experiencia no puede ser ciencia. Pero, ¿no es cierto que Kant elaboró una metafísica?

La metafísica, según Kant, es “un conocimiento especulativo de la razón, completamente aislado, que se levanta enteramente por encima de lo que enseña la experiencia” (Kant (1781): B XV), el cual al ser especulativo tiene origen en la razón que “se halla acosada por cuestiones que no puede rechazar por la misma naturaleza de la razón pero a las que tampoco puede responder por sobrepasar todas sus facultades” (Kant (1781): A VII). Esto mismo dicho en otras palabras es que es la metafísica una tendencia natural del ser humano o como Schopenhauer necesaria al ser humano. Esta tendencia no se apoya en la experiencia, y por tanto de la sensibilidad, contando meramente con el entendimiento y el ejercicio de la razón. Ésta al salirse del campo de la experiencia y entrar en el ámbito de la especulación, de lo puro, en el que no obtiene ningún tipo de respuesta fiable pierde el camino de la consistencia y la coherencia. Según las palabras de Kant, al salirse de la experiencia, la metafísica “no ha tenido hasta ahora la suerte de poder tomar el camino seguro de la ciencia” (Kant (1781): B XV), y por ello la razón “se ve obligada a recurrir a principios que sobrepasan todo posible uso empírico y que parecen, no obstante, tan libres de sospecha, que la misma razón ordinaria se halla de acuerdo con ellos. Es así como incurre en oscuridades y contradicciones.” (Kant (1781): A VIII). Es muy fácil entender a esto acudiendo a una imagen propuesta por Kant: “la ligera paloma, que siente la resistencia del aire surca al volar libremente, podría imaginarse que volaría mucho mejor aún en un espacio vacío” (Kant (1781): A III). La razón cree que se moverá mejor en un ámbito totalmente especulativo olvidando lo experiencial. El error es que la razón se moverá en tanto que tenga rozamiento o fricción en una resistencia, condición necesaria para el movimiento.

Para explicar cómo conocemos Kant acude en un primer momento a la estética trascendental. El conocimiento comienza en la experiencia (aunque no procede todo de ella) y gracias a nuestra facultad de sensibilidad intuimos el fenómeno para tras ello envolverlo y entenderlo desde nuestra capacidad de entendimiento. Así es como se produce el conocimiento, ahora bien, tanto la sensibilidad como el entendimiento humanos son propios y “funcionan” de un determinado modo a la hora de conocer, es decir, tienen unos a priori que posibilitan nuestro modo de conocer. De este modo los a priori de la sensibilidad son las formas espacio y tiempo y sin ellos resultaría imposible conocer ningún objeto. El espacio y el tiempo marcan el objeto posible de experiencia. Pero, ¿podemos conocer de un modo científico aquello que salga de estas formas? Para Kant la respuesta es clara: imposible hacer ciencia de aquello que sea ajeno del espacio y del tiempo.

Pero, ¿por qué permitirle a la razón humana, no el hecho de efectuarse las preguntas de la metafísica, si no el salirse de la experiencia? Es un hecho que las preguntas de la metafísica se dan en todos y cada uno de los hombres, pero cada uno de una respuesta al problema. Se dan por ello dos tipos de posturas recogidas por Kant: la dogmática y la escéptica. El dogmático es aquel que considera únicamente sus principios, excluyentes de los demás, que son considerados falsos, a pesar de no tener ningún fundamento o prueba además de tener “el prejuicio de que se puede avanzar en ella (la metafísica) sin una crítica de la razón pura” (Kant (1787): B XXX). Ante distintas posturas dogmáticas el escéptico, segunda postura, considera las inconsistencias dichas entre todos. Solo queda la suspensión del juicio o la negación del problema (que como dije antes, entraña negar parte de nosotros) para los escépticos. Será preciso superar ambas posturas, tomando la posición que nos plantea Kant. Si reducimos el ámbito de la razón, ¿podemos encaminar la metafísica por el camino de la ciencia?, ¿podemos reconducir la razón?, y si es así, ¿cómo y quién se encargará de esta tarea negativa y disolutoria? Será la filosofía. Será su Crítica de la razón pura en tanto que es la razón desde su faceta especulativa quien asentará los principios y el ámbito de la razón. Será por ello crítica de la razón desde la razón pura, “la crítica de la razón que pretende alcanzar conocimientos con independencia de la experiencia” (Rábade (1996): 36). De este modo se nos permite decir en qué consiste la ciencia y cuál es su camino.

Kant en la Crítica de la razón pura, ya en la introducción, nos dice que todas las ciencias tienen como principios juicios sintéticos a priori. Para entender esto habrá que detenerse en la distinción entre juicios que efectúa. Kant señala en un principio dos tipos de juicio o expresión de conocimiento, a saber, el analítico y el sintético. Para ello recurre a la relación existente entre el sujeto y el predicado del juicio. En los juicios analíticos un predicado “B” que se le atribuye al sujeto “A” está de algún modo incluido en el concepto de “A”, mientras que en uno sintético el predicado “B” se halla fuera del concepto de “A” (Kant, I. (1781): A 6/7). Se entiende así que un juicio analítico es “explicativo”, mientras que el sintético es “extensivo”, esto es, el sintético nos da información acerca de la experiencia, nos da conocimiento, mientras que el analítico es un despliegue del concepto del que procede el juicio. Por ello Kant atribuye el término «puro» al juicio analítico, por no ser empírico. Por otro lado define también a los juicios analíticos como “aquellos en que se piensa el lazo entre predicado y sujeto mediante la identidad” (Kant, I. (1781): A 7) entendiendo por identidad la imposibilidad de negar el juicio analítico pues incurriríamos en una contradicción. Admite Kant que todo juicio analítico es además a priori, y por tanto “universal” y “necesario” por ser éstas el criterio para distinguir un juicio a priori de uno a posteriori que es contingente y particular. La universalidad se basa en la validez del juicio para todo ser racional en cualquier tiempo y lugar, y su necesidad nos confirma que no puede ser de otro modo al ser pensada. La universalidad y necesidad de un juicio analítico se debe a una “facultad a priori del conocimiento” siendo de este modo constituyente de nuestra realidad humana y que no puede ser de otro modo pues los hombres (o al menos su capacidad para conocer) serían distintos. Esto no implica que todo juicio a priori sea analítico ya que existen juicios sintéticos a priori, pero este es un tema que dista de nuestro objetivo. Quedan definidas, de este modo, las características de los juicios analíticos y los sintéticos. El analítico será un juicio en el que el predicado esté incluido en el concepto del sujeto de modo que se de cierta identidad entre ambos y será a priori además de puro. El sintético será un juicio en el que el predicado no esté incluido en el concepto del sujeto y por tanto empírico o no puro pudiendo ser a priori o a posteriori. Por lo anteriormente dicho, el juicio sintético a priori, el propio de los principios científicos, añade conocimiento al concepto originario, es sintético, a la par que posee universalidad y necesidad, es a priori.

¿Será posible que la metafísica sea una ciencia? ¿Será posible que la metafísica se adecue a las restricciones de la razón pura? Si fuera así, si fueran los principios de la metafísica juicios sintéticos a priori, sería la introducción de un método, de una metodología científica que entrañaría un nuevo paradigma de la metafísica: sería la superación de la posición dogmática y de la escéptica. Kant escribe que “encuentra también la causa por la cuál los filósofos dogmáticos, que buscaron fuentes de los juicios metafísicos siempre sólo en la metafísica misma, pero no fuera de ella, en las leyes puras de la razón general” (Kant (1783): §3). Una vez disuelta la postura dogmática, el problema que señalaba el escéptico se disuelve, pues no habría pluralidad de dogmatismos a los que problematizar. Ésta es la importancia del hecho de conseguir una ciencia metafísica, la superación del estatus dogmático y el escéptico a la par de dar respuesta a los interrogantes humanos que aún no tienen respuesta.

Tras contemplar en que consiste la ciencia resulta necesario reformular la pregunta acerca de la posibilidad de la metafísica en tanto ciencia. Después del pensamiento kantiano la cuestión debe ser ahora si es posible hablar de juicios sintéticos a priori en la metafísica.

Por lo que hemos dicho hasta el momento si consideramos a la metafísica como un conocimiento especulativo que es ajena a la experiencia… ¿cómo podemos pensar en juicios científicos? Sería preciso restringir la metafísica, o su pretensión para que sea ciencia, lo que entraña el abandono de la metafísica clásica para entrar en un nuevo paradigma propuesto desde la restricción de la misma. Pero ¿es esto posible de algún modo?, ¿es este proyecto viable?, ¿Kant confía en la posibilidad de esta restricción? No me atrevo a decir que Kant no confiara en este tipo de ciencia, de hecho parece en algunos puntos respaldar la posibilidad de enmendar la metafísica para transformarla en ciencia (pues se dan interpretaciones en esta línea), pero si me arriesgo a afirmar que no fue consecuente con él: el problema del noúmeno. Kant nos afirma que es imposible el conocimiento científico de aquello que es ajeno a la experiencia. De ser así, ¿cómo nos puede hablar de una realidad última como es el noúmeno?, ¿cómo hablar de cosas en sí? Cierto que nos dice que no se puede decir ni saber nada de él, pero, ¿esto no es ya cierto conocimiento acerca del noúmeno? Cuando señala que no podemos decir nada del noúmeno, ¿no decimos algo acerca del mismo? La conclusión que se puede extraer de esta contradicción es que Kant no respeta las restricciones que nos propone en su Crítica de la razón pura y resulta que la metafísica, conocimiento de lo ajeno a la experiencia, para ser ciencia debe dejar de tratar sus pretensiones de “más allá” de la experiencia. De todo lo escrito lo que se entiende es que la metafísica para ser ciencia debe abandonar su objeto de conocimiento para no ser ni ciencia ni conocimiento.