De la utilidad y los inconvenientes de la historia para la vida


“¿Y no comportará hasta la interpretación más elevada del término «objetividad» una ilusión? Es decir, la objetividad entendida como estado del historiador en que considera éste un acontecimiento en todos sus motivos y consecuencias de un modo tan puro que no tiene ningún efecto sobre su yo: nos referimos a ese fenómeno estético, a ese desligamiento del interés personal característico del pintor que en medio de la tormenta, entre rayos y truenos, o en pleno mar embravecido, contempla la imagen que tiene en su interior, nos referimos a estar completamente sumergidos en las cosas: pero es una superstición eso de creer que la imagen que presentan las cosas en un hombre así dispuesto reproduce la esencia empírica de las cosas. O si no, ¿es que en tales momentos las cosas dijérase por su propia voluntad, se graban, se recortan y retratan en un passivum puro?

Creer esto sería mitología, y mala mitología, por añadidura: además, sería olvidar que ese momento es precisamente el momento generador más potente y autónomo en la interioridad del artista, un momento de composición de índole suprema y cuyo resultado será un cuadro artísticamente verdadero, no históricamente verdadero. Concebir de este modo, objetivamente, la Historia, es la callada labor del autor dramático; esto es, pensarlo todo referido a todo, entretejer lo individual con el conjunto: partiendo del supuesto de que sea menester introducir en las cosas una unidad de plan, si es que no la comportan. Así es como el hombre tiende su red sobre el pasado y lo domina, así se manifiesta su impulso sobre el arte — aunque no su impulso hacia la verdad y hacia la justicia. La objetividad nada tiene que ver con la justicia.” 

Frriedrich Nietzsche