De como me sentí pequeño frente a un grano de arena


El infinito, abrazándose.

Estando en la playa cogí un puñado de arena y la dejé caer poco a poco de mis manos. Al acabar de caer toda y mirar mi palma, contemplé un único grano que se había quedado en ella. En un principio lo ví minusculo comparado con la extensión de mi mano, de mi cuerpo, de mí. Después comprendí mi error.

Imaginé que podía dividir ese grano de arena en dos, y cada mitad en otras mitades… y así hasta el infinito, así hasta alcanzar cada vez partículas más pequeñas, saltándome el nivel atómico. Entendí que todo lo pequeño es igual que todo lo grande, que el infinito todo lo abarcaba. Y así fue como me sentí pequeño ante un grano de arena.

Me he convertido a una nueva fe.